
Todos sabéis quién iba a ser Deneb, y quien no lo supiera pues se enterará ahora. Es el nombre de una de las estrellas más grandes y brillantes del universo conocido; pertenece a lo que los humanos llamamos constelación del Cisne y su potencia lumínica es tal que en un solo día genera tanta luz como el Sol en 140 años. Para Dani y para mi representaba el futuro, nuestro futuro, pues es el nombre que adoptaría nuestra futura hija. En el cielo su radio oscila entre los 200 y los 300 radios solares. En el vídeo no aparece pero su diámetro es parecido al de Betelgeuse.
Cuando me enteré de que las estrellas podían explotar me asusté mucho porque pensé en que el Sol algún día lo haría. A este fenómeno se le llama supernova. Ver una supernova debe ser un espectáculo sobrecogedor, algo parecido a un eclipse solar pero con la diferencia de que este fenómeno puede durar semanas y la luminosidad y los colores varían cada día. Fundamentalmente se originan a partir de estrellas masivas que ya no pueden fusionar más su agotado núcleo, incapaz de sostenerse tampoco por la presión de degeneración de los electrones, lo que las lleva a contraerse repentinamente y generar, en el proceso, una fuerte emisión de energía.

Ahora seguro que a todos os apetece ver una supernova algún día pero tened en cuenta que cuando explota una estrella toda la vida de los planetas que la rodean muere. Puede parecer muy bonito de ver a miles de años luz pero muy de cerca, en el plano sentimental, no le deseo a nadie contemplar algo así, yo ya he experimentado varios: el último ha sido un impacto tremendo con la verdad (o con la mentira, según se mire). Podría decirse que hoy ha muerto una estrella antes de nacer, se llamaba Deneb.



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